
«‘Vivan las tecno-cadenas!’ Poco tienen que ver el EE.UU. contemporáneo con la España de 1823, la del regreso de Fernando VII. Comparten la convulsión. Y ese grito legendario, que aquí entonan ahora algunos con acento tecnocrático, en medio del regreso rompedor y avasallador de Donald Trump a la Casa Blanca.El segundo advenimiento del multimillonario neoyorquino ocurre en medio de una pulsión absolutista con presencia creciente en la primera potencia mundial. Una corriente de pensamiento que ha ganado peso en el trumpismo 2.0 considera que la democracia liberal no funciona, es un cadáver, ha deteriorado y emponzoñado las sociedades occidentales. Y que nos iría mucho mejor con un absolutismo de nuevo cuño , una especie de monarquía corporativa, una dictadura de los mejores, con gran peso de la tecnología.Es una ideología que estaba en los arrabales de la intelectualidad. No podía estar más alejada del pensamiento liberal convencional, del credo dominante democrático surgido desde la Ilustración ni más enfrentada al expansionismo ‘woke’ identitario . No es casualidad que el descalabro ‘woke’ en el último año venga acompañado del ascenso de esta ideología, bautizada como ‘Ilustración Oscura’ o NRx (movimiento no reaccionario).Noticia Relacionada Guerra entre Trump y la Justicia estandar Si «El Gobierno vuelve a evadir sus obligaciones»: se intensifica la guerra entre Trump y la Justicia J. Ansorena | Corresponsal en nueva York Las amenazas del Partido Republicano de someter a un juicio político a James Boasberg han provocado la reacción del Tribunal Supremo y delAhora está en el centro mismo del poder. La ‘Ilustración Oscura’ tiene ascendencia en figuras clave de la Administración Trump : su mano derecha y ejecutor de la transformación del sector público, Elon Musk; su vicepresidencia y posible heredero, el vicepresidente J. D. Vance; tecnólogos con influencia sobre el presidente, como Marc Andreessen; y otros de gran relevancia, como Peter Thiel.Yarvin, el gran agitadorEl gran agitador de la ‘Ilustración Oscura’ es un tipo de maneras esponjosas, pintas de ‘heavy’ trasnochado y discurso volcánico: Curtis Yarvin, un ingeniero que hizo cierta fortuna en Silicon Valley pero que, sobre todo, se ha hecho un nombre como bloguero. Allí ha contravenido todos los dogmas liberales y atravesado todas las rayas de lo políticamente correcto. Pero, sobre todo, se ha destacado por su ataque constante a la democracia. Se ha ganado espacio intelectual en el trumpismo, ha sido celebrado en los plataformas mediáticas más populares -Tucker Carlson, Charlie Kirk, entre otros- y se ha colado también en los grandes medios.En esencia, su filosofía defiende que la democracia lleva a las sociedades al declive de manera ineludible . Son sistemas que desarrollan burocracias monstruosas, dominadas por elites progresistas. La solución es gestionar las sociedades como si fueran compañías. Al frente no debe haber un poder ejecutivo ni un poder legislativo elegido por el pueblo, sino un ‘Rey-CEO’.Yarvin recurre de forma habitual a este ejemplo: si California fuera gestionada por Apple, ¿no funcionaría mucho mejor? «Al contrario: imagínate si tu MacBook Pro fuera hecho por el Departamento de Computadores del estado de California», comentaba jocoso en una entrevista reciente en ‘The New York Times’. No es casual que Yarvin elija para su ejemplo a California, patria, a la vez, del progresismo del que es enemigo y del Silicon Valley en el que podría estar parte de la solución, en su visión, a todos nuestros problemas.Tampoco es casual que el ascenso de la ‘Ilustración Oscura’ ocurra en un momento de desgaste institucional en Occidente, de pérdida de la confianza en el sistema, de abrazo al populismo salvador. Para muchos estadounidenses, de todos los espectros políticos, el sistema está en su contra. Lo piensa el operario de fábrica que vota a Trump, harto de ver que sus condiciones socioeconómicas solo empeoran pese a vivir en la primera potencia mundial. También el izquierdista que aplaudía en enero el asesinato de un alto ejecutivo de los seguros médicos , harto de un sistema caro e ineficiente. También el contribuyente cualquiera, harto de que asalten con impuestos sus bolsillos y muchas infraestructuras del país sean tercermundistas.El modelo: Carlos IIIYarvin considera que las sociedades liberales están tomadas por un nocivo progresismo social en las élites, dominado por ideas de justicia e igualdad que no dan buen resultado. Uno de sus modelos de éxitos es el Singapur de Lee Kuan Yew, el líder autoritario que transformó al pequeño país asiático. «La exuberancia de la democracia lleva a la indisciplina y al comportamiento desordenado, que son enemigos del desarrollo», dijo LKY.Yarvin cita sin parar ejemplos históricos de mayor éxito que la democracia. Recuerda que hay líderes autoritarios que han sido bien considerados, con el ejemplo recurrente de Franklin Delano Roosevelt. Defiende que hubo muchas menos penurias y sufrimiento -con el siglo XX como mejor ejemplo- antes de que se cortaran cabezas por la libertad, igualdad y fraternidad. Su monarca favorito es español: no al que algunos gritaban ‘¡Vivan las cadenas!’, sino su abuelo, Carlos III. El despotismo ilustrado del ‘Mejor alcalde de Madrid’ es inspiración para un despotismo tecnológico actual, dominado por ingenieros, optimizado por la inteligencia artificial.« Si los estadounidenses quieren cambiar de verdad su Gobierno, tienen que quitarse la fobia al dictador », ha dicho Yarvin en alguna ocasión. «Una forma de hacerlo es contratar a dos ejecutivos y asegurar que trabajan juntos, no hay otra solución real».Es imposible no pensar en Trump y Musk, la dupla que está ejecutando una transformación radical de EE.UU., desde la puesta a prueba de la separación de poderes hasta la revolución en el sector público y el giro en la política exterior.Hace tiempo que Trump es el rey del Partido Republicano. Como presidente, ambiciona un poder con la misma falta de límites y ha impulsado una actividad ejecutiva frenética, expansiva de los poderes de su cargo. Presiona y amenaza a los republicanos del Congreso, que tienen mayorías en las dos cámaras. Se ha enfrentado al poder judicial, incluido el incumplimiento de órdenes de un juez, en un camino que va hacia la colisión institucional. Y ha trufado sus mensajes públicos de referencias autoritarias: «Aquel que salva al país no viola ninguna ley», escribió hace unas semanas, inspirado en una cita que se atribuye a Napoleón Bonaparte. «¡Larga vida al rey!», compartió después de que su Gobierno se cargara un programa de peajes urbanos de Nueva York.Hace un par de años, Yarvin esbozó el recorrido que debería ocurrir para ejecutar el cambio de orden que él defiende. En primer lugar, el posible monarca o dictador tiene que presentarse a las elecciones como tal. Ya en campaña, Trump bromeó con aquello de que actuaría como un dictador «en el primer día en la Casa Blanca». Sus rivales demócratas alertaban de que con él vendría el fascismo . El multimillonario neoyorquino prometió un vuelco a EE.UU. y no se cortó con promesas radicales -que luego ha cumplido- como el perdón a los asaltantes del Capitolio. Trump ganó en las urnas con claridad.El segundo paso, explicaba Yarvin, sería la purga de la burocracia federal y la creación de una nueva. No es nada muy lejano de lo que está haciendo Musk con su Departamento para la Eficiencia Gubernamental (DOGE, en sus siglas en inglés): armado con un grupo de ingenieros veinteañeros, está aniquilando agencias federales enteras y despidiendo a funcionarios de forma masiva. «El Gobierno es la compañía definitiva», ha dicho en alguna ocasión Musk, convertido en el estandarte MAGA, ‘Make America Great Again’ (‘Hacer grande a EE.UU. otra vez’), el lema político de Trump. En su caso, en un guiño a esta ‘Ilustración Oscura’, es un ‘MAGA oscuro’, como ha dicho en algunos mítines, tocado con gorras y camisetas negras con ese lema.Al mismo tiempo, Trump ha eliminado multitud de supervisores independientes, que consideran parte de una resistencia al poder ejecutivo. « Habría que ejecutar el poder ejecutivo desde el primer día con una urgencia total », dijo entonces Yarvin, y eso es lo que ha hecho Trump.Ignorar a la JusticiaEl siguiente paso, decía el intelectual, es ignorar a la Justicia . Lo acaba de hacer el presidente de EE.UU. con los vuelos de deportación a El Salvador y habrá que ver qué pasa si el Tribunal Supremo -con una mayoría conservadora reforzada- le lleva la contraria. Después quedaría someter al Congreso -ahora mismo, lo tiene casi hecho-, tener el favor de las fuerzas armadas y sacar a su gente a la calle.¿Llegará a ocurrir eso? Algunos en la izquierda de EE.UU. aseguran que el país ya está en una dictadura. Otros le quitan importancia y solo ven turbulencias presidencialistas. Incluso el propio Yarvin no cree que este sea el momento en que llegue su ansiada monarquía, Trump no lo conseguirá. «Pero le veo con mucha más confianza esta vez», dice en comparación con su primer mandato. «Es como si pareciera que sabe lo que está haciendo».
Fuente: abc.es